HOLA

MÁRTIRES

Mártires en la Iglesia católica.

SAN ESTEBAN

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A San Esteban se le llama "protomartir" porque fue el primer mártir de toda la historia católica. San Esteban era uno de los hombres de confianza de los apóstoles; habló y defendió muy bien a Jesús, que entre los judíos generó cierto desconcierto. Por tal razón, la tradición señala que fue llevado ante el Tribunal Supremo de la Nación, el Sanedrín, para ser acusado con falsos testigos, los cuales argumentaron que Esteban afirmaba que Jesús iba a destruir el templo y a acabar con las leyes de Moisés. Sin embargo, el santo no se atemorizó, y por el contrario, pronunció un impresionante discurso en el cual fue recordando toda la historia del pueblo de Israel (Hechos 7) y a través del cual exhortó a los judíos a rectificar, reprendiéndolos por haber llegado al extremo de no sólo no reconocer al Salvador, sino de haberlo además crucificado. Llenos de ira, éstos lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Los que lo apedreaban dejaron sus vestidos junto a un joven llamado Saulo (el futuro San Pablo que se convertirá por las oraciones de este mártir) y que aprobaba aquel delito. Mientras lo apedreaban, Esteban decía: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Y de rodillas dijo con fuerte voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y diciendo esto, murió.



SANTA INÉS

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Es patrona de las vírgenes, las novias y de las jóvenes en edad de casarse. Inevitable, si pensamos en su historia, tan trágica como conmovedora. Era una joven, perteneciente a una de las más poderosas familias aristocráticas de Roma, que a sólo doce años subió el martirio bajo Diocleciano. Una historia aterradora, como muchas de las que ensangrentaron Roma y el Imperio en aquellos terribles años. No había nada de sagrado, nada de inocente, y lo que era agradable estaba destinado a perecer, a sufrir un destino aún peor, simplemente en virtud de su propia belleza. Y sin embargo, Santa Inés sobrevivió todo ese horror, de hecho, su trágico destino la convirtió en un símbolo de belleza y virtud que ha trascendido los siglos, iluminando el camino de miles de fieles y devotos. Al final, el mal de los hombres prevaleció: fue degollada con una espada, el final sangriento que se reservaba a los corderos, y justo con un cordero blanco en sus brazos que la vemos a menudo representada, una efigie de inocencia, de pureza inviolada, inviolable. Parece que incluso cuando cayó herida de muerte lo hizo con una tal gracia que suscitó las lágrimas de sus propios verdugos. Su sacrificio suscitó inmediatamente formas de culto popular y todavía se celebra hoy en muchas festividades y es amada.



SANTOS COSME Y DAMIAN

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La atención a los enfermos fue el estímulo central de su vida que se desarrolla en el tercer siglo, en tiempos de las persecuciones contra los cristianos. Curan a los enfermos sin hacerse pagar y, por esto, son apodados “anàrgiri”, palabra griega que significa “sin plata”. Su fama de hombres valerosos, de insignes benefactores, se difundió rápidamente en toda la región. Su suplicio lo relata la Leyenda dorada, según la cual los dos hermanos primero son echados al fuego, del que salen ilesos. Después son condenados a la lapidación, pero las piedras vuelven hacia atrás. Sucesivamente, las flechas lanzadas por los arqueros hieren a los verdugos. En fin, son decapitados.



SANTA MARÍA GORETTI

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Joven italiana que fue canonizada por la virtud de su vida y por haber muerto mártir por conservar su pureza. Su familia, cristiana y muy humilde, vivía de la práctica de la agricultura en una pequeña propiedad que poseía en su localidad natal. Pese a no relacionarse con ningún joven de su edad, pues no acudía a la escuela y dedicaba al trabajo todas las horas del día, Alejandro Serenelli, aparcero que vivía en la hacienda en que residía la familia Goretti, fijó sus ojos en María con propósitos deshonestos. En varias ocasiones rechazó sus asaltos, pero en el último de ellos, su forzador le clavó repetidas veces en el vientre un hierro, dejándola mortalmente herida. María Goretti falleció el 5 de julio de 1902 en un hospital de la cercana localidad de Nettuno, tras perdonar a su asesino e invocar a la Virgen María. Fue beatificada en 1947 y canonizada tres años después por el papa Pío XII. Su festividad se conmemora el 6 de julio.